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Hola a todos: Soy Dora, caleña de 27 años, residente por varios años ya de la ciudad de Quito en Ecuador. Por algunos meses he disfrutado de los relatos que se publican en este sitio, y en algunas ocasiones me han inspirado para mis travesuras
íntimasVivo en pareja conJohn. Con él tenemos un muy buen nivel de comprensión acerca del tema de las relaciones sexuales. Nos llevamos por la idea de la libertad. Creemos que no por estar emparejados debemos cohibirnos mutuamente, o tratar el uno de atrapar al otro. Esa no es la manera como entendemos nuestra relación. Por el contrario confiamos plenamente en las decisiones que tomemos, y si es que en un momento sentimos que deseamos estar con otra persona en la cama pues tenemos la plena libertad de hacerlo, pues no pertenecemos el uno al otro. Estamos juntos por que deseamos estarlo, no por que nos imponemos. De esta idea surge la otra que es su derivación, al decidir acerca de la intimidad no nos prohibimos nada, pues como podría yo, o él, impedir que se pase una experiencia satisfactoria? Lo que está claro es que no vamos en busca de un amor ni compromiso que se parezca, simplemente pasarla bien, como cuando vas a almorzar con alguien del trabajo. De lo que nosotros tratamos es de no ser un estorbo para los dos, peor para cualquiera otro. Él ha tenido experiencias muy excitantes, que me las ha contado con lujo de detalles; de la misma manera yo. Por cierto, nos contamos todo. No hace falta ocultar nada. Al contrario disfrutamos enormemente cuando nos contamos lo que hemos hecho para gozar. No niego que existe una carga grande de celos, pero es delicioso luego hacerlo entre los dos, sabiendo que lo pasado fue sexo, no amor.

Les cuento esto, por que es la primera vez que escribo y quiero compartirles una parte de mis pensamientos, para que puedan comprender luego los relatos que les pienso ofrecer.

En las comunidades de MSN, he buscado con quien compartir las experiencias. En ocasiones he podido hacer un diálogo de semanas, pero no perduran. Por eso es que ahora decidí publicar en Relatos Eróticos lo que me ha pasado y esperar a que me escriban.

Una de las personas con quienes mantuve correspondencia se llamaba Ana, venezolana, y es el texto de esas cartas lo que hoy voy a entregar. La historia completa es en dos correos, por esa razón podrán notar que así está escrito.

El relato se refiere a una noche de bingo que tuvimos unas amigas y yo.

Hola Ana:

Quiero en esta vez conversar lo que sucedió en una ocasión en que un grupo de amigas y yo habíamos planeado para divertirnos en esa noche de viernes. Como te he dicho antes conJohn no tengo problemas de salir sola, pues ese es el acuerdo al que hemos llegado.

En Quito existen lugares en los que puedes buscar aventura, pero también es útil dirigirte a los sitios en los que las cosas se desarrollan con normalidad y encontrar allí lo que buscas es genial.

Al desocuparnos de nuestros trabajos nos citamos puntualmente a las 19 hs. para beber alguna cosa, y luego dirigirnos a una sala de juegos en donde el bingo era el principal, Ese era un buen comienzo para una noche que yo esperaba que sea muy emocionante. En efecto como siempre nos encontramos sin demora, tomamos unas cuantas cervezas, y al bingo.

Al entrar la sala aún no estaba repleta, iba casi a las 4/5 partes. Nos ubicamos en una mesa y yo que iba con propósitos definidos eché una mirada para rastrear el lugar. Recorrí todos los lados con la vista, hasta que en una mesa justo al otro extremo vi a un grupo de muchachos muy agraciados, de los cuales me impresionó uno en especial por su porte y presencia. Jugamos unas cuantas cartillas, y me excusé para dirigirme al tocador de mujeres que se encontraba en el camino de esa mesa. Al pasar por allí “incidentalmente” dejé caer un papel de mi bolso de mano, justo frente a la silla que ocupaba el elegido. No me demoré en agacharme para recogerlo, pues a propósito quería que se me vieran mis senos por entre el escote de la blusa que llevaba. Era de esas que son un poco flojas en el busto, y que cuando te inclinas permiten enseñar cuanto tu decidas. Me agaché lo suficiente para que no pasara inadvertida por él. Inmediatamente reaccionó lamentándose no haber sido más rápido y hacer gala de su cortesía. Pero esa era precisamente la intención, asumí la posición de quien no quiere la cosa y por cualquier motivo le dije que no importaba. Se sintió tan mal, que cuando yo salía de vuelta del tocador, él me esperaba para abordarme y disculparse. Le contesté que eso se arreglaba muy fácil que si gustaban podían unirse a nosotras en nuestra mesa, invitación que no demoraron en tomarla.

Ya en la mesa, todo era alegría, eran realmente muy simpáticos, jocosos, y al rato empezaron con bromas de doble sentido, y esos avances que suelen hacer los hombres para comprobar si son permitidos y hasta donde. Yo por supuesto me regocijaba de cada broma que hacía él, y le prestaba toda la atención, luego nos sentamos el uno junto al otro, se produjeron algunos roces de piel, y ya me empezaba a sentir decidida a intentarlo con él esa noche. Pasaron una o dos horas, cuando ya todo estaba claro y seguro, le dije si me acompañaba a mi departamento pues me debía retirar. Accedió encantado, y nos despedimos de todos.

Una vez afuera le sugerí que tal si nos tomábamos unos tragos antes, yo conocía un bar muy a la moda. Imagínense que no me decía no a nada. Bueno mi corazón palpitaba más a prisa, estaba a punto de quedar en la mira de la escopeta. Pero esa sensación es hermosa.

Cuando llegamos existía un volumen elevadísimo, mucha gente bailando, las mesas llenas, había un muy buen ambiente. Nos acercamos a la barra y nos pedimos dos vodkas. Salimos a bailar, mientras el alcohol hacía su efecto. La música, reggae, reggeton, tecno, y todos esos ritmos, me invitaban a que me moviera con más elocuencia. La falda que llevaba era de esas que cuando estás en contraluz provoca transparencias, además siempre me gustó abrir las piernas en este tipo de ritmos, de tal manera de que tu pareja reciba con claridad el mensaje erótico. Bebimos cuatro tragos más, y bailamos otros sets. Yo me encontraba ya decidida y más que eso deseosa de culminar con él dentro de mi. Sabía que estaba mojada, pues sentía perfectamente esa humedad resbalosa que se produce entre las piernas. Al bailar me acercaba a su pecho y me restregaba para hacerlo sufrir, él no tardaba en responder, y me mataba la curiosidad pues podía yo percibir un bulto muy pronunciado en su bragueta.

Llegó el momento en que no pude más, y en su oído le susurré que fuéramos a uno de los reservados del bar. Fuimos a la barra pedimos dos tragos más, y le indicamos al mesero que nos lleve a un reservado.

Al entrar las piernas estaban que chorreaban, en ese pequeño habitáculo de 2.5 x 2.5 iba a tener lo que busqué desde el inicio de la noche.

Hola Ana:

Estuve pensando en lo que te escribí y me parece que sería útil explicarte alguna otra cosa mas. No sé si a ti te pase lo mismo, pero tu sientes cuando tienes la necesidad de armar una aventura sexual. Con esto quiero exponer que no es que estás en una actitud permanente de llegar a la cama con el que se te atraviesa, al contrario, he tenido varias ocasiones en que he estado con gente agradable, pero que no me llamaba la atención para hacer diabluras, y pues nada pasa.

Pero ha habido otras veces en que así mismo, amaneces sintiendo el deseo de atrapar a alguien y lograr tener intimidad con él.

Eso me pasaba en esa noche del bingo.

Lo había preparado todo para poder pasar con mis amigas. Se lo dije aJohn, y como siempre él accedió.

Internamente sabía que tenía que pasar algo. Lo necesitaba. Es más, mientras me vestía en la mañana, iba mirando con que ropa debía salir, imaginando como sería el momento inicial del encuentro con ese potencial amante. Escogí unos interiores muy sexys, de color rojo intenso, los mismos que se notaban algo a través de la ligera tela de la falda que iba a usar. De igual manera la blusa, que como te conté es de esas que deja ver los senos cuando te agachas. Frente a mi peinadora, repasaba hasta dónde debía agacharme para dejar ver cuanto.

Todo el día me lo pasé pensando en esto. De tal forma que cuando llegamos mis amigas y yo al bingo, y aprecié a ese muchacho, inmediatamente decidí que era él con quien quería intentarlo esa noche.

Era un hombre de unos 22 años, alto, como de 1,80 mt., de espalda ancha, de tez trigueña, lentes, voz grave, y de unas maneras muy gentiles para tratar. Su boca era encantadora, los labios los tenía muy sensuales, gruesos pero no tanto, con quijada ancha. Su pecho era abultado, luego me enteré que cuando estudiante de colegio levantaba pesas en la selección.

Otra cosa que quería ahondar es en los momentos que estuvimos en la pista de baile del bar. Te conté que me pegaba mucho a él, y que en ciertos momentos me restregaba para provocarle una erección. Así fue, pero creo que es mejor decir que me frotaba ligeramente contra su pecho, su abdomen, y con ciertos intervalos también contra su pubis. Pero con discreción. Me gusta que me deseen, pero eso no me haría que pierda todos los límites que hacen atractiva a la mujer, o sea que no sepan si una quiere o no la cosa; te hablo por los que miraban. Esto fue al principio, claro está. Pues a la medida de los vodkas, y de las respuestas del muchacho, también yo me iba excitando y eso hacía que seamos más atrevidos, Además también estaban otras parejas en trances parecidos al nuestro. Quienes me miraban, que si había algunos chicos y chicas, murmuraban con cada movimiento mío y con la respuesta que me propinaba él. Ya que obviamente también estaba yo recibiendo dosis de provocación. En el baile me abrazaba apretándome hacia su sexo, y sus manos me acariciaban la espalda lentamente, hasta descender por la cintura, y muy suavemente intentar bajar más, como queriendo ver cual era mi reacción. Le correspondía besándole con más pasión en ese momento, en un juego de lenguas que quería que entienda, pues llevaban el mensaje de lo que yo planeaba para luego. Así entonces él bajó más la mano, y yo gemí de gusto y me apreté hacia él.

Mientras yo espiaba furtivamente a los mirones, los que no despegaban sus ojos de nuestra calentura. Eso me ponía aún más ardiente.

Bueno creo que el relato anterior lo suspendí cuando nos estábamos instalando en el reservado. Un rinconcito de madera por los tres costados, y una cortina en el frente, Un sitio ideal para escenas de romance. Una mesa circular pequeña con un florero y una rosa, y sillones también circulares que bordeaban la mesa, era todo lo que había allí; olvidaba una pequeña lámpara colgante que apenas producía penumbra.

Una vez que nos quedamos solos, y en la confianza de altísimo volumen que no dejaba escuchar casi ni lo que nos decíamos, nos abandonamos a nuestra aventura, sin preocuparnos de las decenas de personas que se encontraban alegre y bulliciosamente bailando y riendo por fuera.

Se acercó a mi y me dio un beso tan apasionado que poco faltó para que nos desnudáramos de una vez. Sus manos volaban por todo mi cuerpo. Me tocó los senos con una delicadeza extrema, como si no quisiera causarme un rasguño. Pero luego me agarró muy fuerte por las nalgas, sobándolas y apretándolas. Yo por mi parte ya estaba bastante intrigada por lo que estaba tocando por encima de su pantalón. La tenía ya muy erecta, dura, pero mis manos buscaban su inicio en los testículos y de allí iba siguiéndole hasta que se acabe, y llegaba inclinada hasta el filo de su correa. Me tenía llena de incógnitas por saber si lo que estaba pensando era real, o si por alguna razón estaba yo imaginando.

En ese momento fue cuando te digo que poco faltó para que nos desnudáramos, ambos deseábamos quedarnos sin barreras y gozarnos.

Pero allí fue cuando yo me solté. Le dije que nos tomáramos de golpe los tragos. Así lo hicimos, e inmediatamente le empujé hacia los asientos. Se me había ocurrido una idea que me quemaba. En una ocasiónJohn –mi pareja- se fue a un night club, donde se presenta un show de streap tease. Le esperé para que me cuente al detalle como era. Con esa información, yo deseaba vivamente hacer uno de esos bailes ahí mismo. Me subí a la mesa de centro. La música era muy movida, de las modernas, bueno fueron varias las que sonaron durante mi acto.

Empecé a mover mis caderas al son de la música, me quité el cinturón, los zapatos; movía mi cabellera de un lado al otro, me dibujaba mi silueta con las manos, pasándolas por mis senos, por el vientre, y luego por los costados de mis piernas. Me frotaba mis ingles con ambas manos, y luego me acaricié mi vagina por encima de la falda.

Él estaba con la boca abierta, lelo, no alcanzaba aún a reaccionar, lo que si se le veía eran sus ojos con una carga de deseo que pocas veces he visto, me estaba desvistiendo con la mirada.

Mientras yo desabotonaba mi blusa, y de pronto me la abrí de golpe de forma que vea plenamente mis teticas, que se ofrecían trémulas de placer. No perdí tiempo y me quité también los sujetadores, y por fin estaba al alcance de sus ojos mi carne ardiente. Él quiso levantarse hacia mi, pero le hice señas de que aún no era el momento. Sin embargo él se quitó su camiseta y con el terso desnudo me permitió apreciar ese pecho abultado, lampiño. Guau, eso me aumentó las ganas de descubrir lo que tenía dentro de los pantalones.

Yo seguía meneándome, moviendo a mi gusto mis tetas. Cuando decidí que era el momento de entrar al plato fuerte. Entonces solté el botón de mi falda, y la deslicé hacia la mesa, dejando al aire mis piernas, mi trasero; de inmediato me bajé el bikini, y quedé lista para recibirlo. Al mismo tiempo él se bajaba sus pantalones y quedó solamente en interior. Cuando quiso quitárselo, brinqué al suelo, y le tomé las manos para que no lo haga. Quería ver de cerca ese miembro tan amenazante. En verdad que formaba una carpa, ahora comprendía lo que querían decir los hombres cuando exclamaban esta expresión. Lentamente iba bajando el calzoncillo con mis dos manos, hasta que apareció. Me hizo tragar saliva al verlo, era impresionante. Largo y bastante grueso, firme como si te apuntaran con una pistola. Lo estaba contemplando, y empecé a acariciarle, y a medirle –te cuento en secreto-, le cogí con una mano la parte de la punta, y con la otra por debajo, y todavía quedaba más. Me fijé que apenas podía tocarme la punta de las uñas al cerrar mi mano alrededor de ese magnífico pene. Decidí metérmelo a la boca, lo hice pero con esfuerzo, le hice un poco de chupadas, pero luego fue mejor lamerle, y chuparle los testículos. Esa cosa estaba cada vez más dura.

Él se incorporó y me abrazó, no te imaginas como se interponía su pene entre nosotros en ese momento. Me hizo recostar sobre la mesa, e inmediatamente me succionó los pezones de una manera que parecía que quería arrancármelos; para esa entonces mi vagina –cuca como le decimos en mi tierra- estaba chorreando. Me lamía toda, con suaves mordiscos en mis orejas, con fuertes besos en la boca, sus manos no dejaban de recorrerme. Me pidió que cierre los ojos, lo cual hice de inmediato. De pronto sentí el suave aroma de la rosa, que me la estaba pasando por la cara, bajo al cuello, lo hizo en cada uno de mis pechos, por el vientre, y llegó hasta el pubis. Me dijo entonces unas palabras que no olvidaré “ eres la más bella rosa que mis manos han tocado hasta ahora, gracias”. Vaya que sus palabras me hicieron poner a mil. Ese muchacho era la perfecta combinación entre la violencia de pasión y la dulzura del romántico.

Con mis piernas ya abiertas, de repente sentí su aliento en mi pubis, y casi al mismo tiempo su boca se posó en mi clítoris, aplastándolo, lamiéndome los labios, el contorno de la entrada a la vagina, y llegó hasta el ano. No me lo esperaba, pero esa sensación fue tremenda. Ese lugar casi por siempre intocado, era muy sensible a este tipo de caricias. Empecé a palpitar en mi interior, y se hizo evidente pues la vagina se contraía, con tal fuerza que sentía que hasta el ano lo estaba haciendo. En ese momento dijo otras palabras cautivadoras “ quiero guardar en mi memoria tu perfume, los arrebatadores olores de tu piel y de tu sexo “.

No lo soportaba más, le hice una seña de que me la diera ya. Y allí fue. Tomó mis piernas las elevó a su pecho, colocó la punta a la entrada de la cuca, la sobó contra el clítoris, la agarró como si fuera un garrote y literalmente me dio de garrotazos en el clítoris, eso por poco me desmaya, grité de placer, la música seguía altísima, así que grité con gusto sin inhibirme. Que excitante fue sentir esos garrotazos, era como si te estuvieras enfrentando a un bruto, a un cavernario, que te decía ahora verás lo que voy a hacer, verás con lo que te voy a castigar...

Volvió a ponerla en la entrada, solo la punta de nuevo, mi cuca latía desesperadamente, podía sentirla con claridad, y yo estaba totalmente concentrada en sentir el ingreso de ese miembro que me hacía delirar.

Empujó y entró, instintivamente yo abrí la boca y cerré los ojos, que bárbara sensación. Sentía mi vagina totalmente llena, rellena debería decir. Se siente como si te estuvieran metiendo algo más grande de lo que puedes contener, sientes que te estás haciendo ancha a la fuerza. Pero luego la siguió metiendo hasta el fondo, y esa sensación se convirtió en un estado de electricidad neta, todo mi vientre estaba siendo atacado, esa sensación de anchura se manifestaba hasta debajo de mi ombligo, lo sabía, pero parecía que era en verdad en todo el cuerpo. Cambió de ritmo y lo hizo más rápido, yo no podía evitar gemir y gritar, a cada entrada a fondo yo abría la boca y gemía. Mi cabeza empezó a tener un amortiguamiento delicioso que iba en aumento. Me agarraba yo misma mis tetas, pellizcando mis pezones con fuerza, en ese momento hubiera deseado que hubiera otro que me las chupara y mordiera.

Sus bombeadas eran brutales; mi vagina luchaba con ese miembro, palpitaba a la vez que eso entraba, le ajustaba la entrada y eso provocaba que frotara con más intensidad mi interior, sabia que se avecinaba un orgasmo que no había tenido antes. Lo sentía.

Los dos estábamos sudando hasta gotear. Me tomó de los hombros para impulsarse y clavarme con más fuerza. Estaba yo al borde de un desmayo.

Le dije que iba a acabar, que no se detuviera. Todo lo contrario, se movió con más rapidez, hacia delante y luego hacia los costados. Sentía cada parte que me iba tocando con la inmensa vara, descubriendo por primera vez que esas partes existían. Me agarré del mantel y lo apreté con desesperación. Acabé como nunca antes, todo mi cuerpo acabó, no solo mi vagina, me di cuenta incluso que mis piernas temblaron, cada parte de mi sintió la furia de las embestidas. No sé cuanto duró ese delicioso orgasmo que mientras lo tuve estuve en el cielo. Por detrás de mi cabeza tenía las oleadas de placer, en mis senos, en mis manos, toda yo. Y él seguía bombeando pues no había acabado aún. Era torturante seguir, pero no podía dejarle en el camino, así que me concentré para continuar disfrutando. Tal vez sería un minuto más, pero juro que yo ya no avanzaba, trataba de moverme de la mejor manera, hasta que al fin la sacó y se derramó sobre mi vientre.

Fue tenaz.

Me quedé con la mirada perdida. Solo podía sentir en esos momentos. Eran decenas de palpitaciones por todas las células de mi cuerpo. Mientras él hacía gestos de placer, su rostro tenía la clara expresión del gusto que le había provocado.

No sé cuantos segundos fueron, parecían interminables. Poco a poco fui recuperando los sentidos, estaba exhausta, mi vientre aún vibraba con frenesí, la respiración entrecortada acompañaba el ritmo de mi cuca en un vaivén que era de desahogo ahora.

La música seguía sonando ensordecedoramente, cuando nos quedamos solos en el reservado prácticamente apenas había comenzado el set de baile que por lo general dura quince minutos, volvía a escuchar el murmullo de la gente allí.

Él se inclinó para besarme los senos con una delicadeza que me emocionaba, luego lo hizo en mis labios. Entonces me preguntó ¿ y ahora qué ? Me incorporé y me di cuenta que el mantel estaba muy mojado justo debajo de mis caderas, no era para menos –pensé- luego de semejante corrida mía. Le tomé su miembro entre mis manos, quería guardar el recuerdo de esa formidable pieza, estaba en las palmas y aún era más grande. Le di unos cuantos lengüetazos, me lo introduje en la boca suavemente, cerrando los ojos, y luego me levanté para contestarle “ahora debemos vestirnos”.

Me conozco perfectamente y sabía que no iba a haber una segunda oportunidad, así que lo contemplaba atentamente mientras él cubría su cuerpo varonil que me hizo gozar como nunca antes.

Mi pensamiento alrededor de este tipo de relaciones Ana, es que debes estar clara que no buscas un nuevo amor, o a una pareja, simplemente un encuentro en el que los dos se entregan totalmente a complacerse el uno al otro. Pero no debe ser por despecho con alguien, o por venganza, simplemente por que deseas pasar un muy bonito rato de sexo entre dos personas que saben a lo que van y no se convertirán nunca en una complicación en sus vidas mutuamente. Por esta razón es que cuando lo decides debes de ser la mejor amante que tengas en mente, pues si vas con dudas, indecisa, o algo así no la vas a pasar bien, y tampoco vas a ser una buena compañía. Cuando eliges bien y eres correspondida la reunión es bella, pero es allí cuando debes cuidarte, pues si cedes a tu afán de volver a repetir el encuentro corres el riesgo de encariñarte, o de ilusionarte, entonces las cosas cambian pues no sabes como es la vida de tu amante, no sabes en que condición entrarías tu, y lo que es más no sabes las consecuencias que eso te puede traer a tu propia vida. Así que en esos momentos es cuando es necesaria una gran dosis de voluntad para impedir que lo bello y placentero se convierta en doloroso. Sencillamente no hay para que complicarse.

Por esto es que te digo que me estaba concentrando en el rito de la vestimenta de él, para conservarlo en mi recuerdo, pues fue tan bueno que no me convenía siquiera pensar en otra cita.

Al cabo de unos minutos estuvimos listos, salimos a la pista, la cruzamos, en la barra bebimos dos vodkas más. Me preguntó que en dónde había aprendido a bailar así –se refería al streap tease-, y yo le contesté sin reparo queJohn



fue un día a un night club, y que a su regreso me contó con lujo de detalles todo. Además -le dije- me pareció tan excitante que le pedí que consiguiera una película en donde se pudiera observar como es el ambiente en un cabaret. No pasaron días –proseguí- y trajo una muy buena, en la que las bailarinas hacían gala de sus habilidades y destrezas.

Él se quedó nuevamente atónito. En primer lugar se acababa de enterar que yo mantenía un compromiso, y luego que nos tratáramos con tanta confianza y comprensión.

De inmediato le pedí que no lo tome muy en serio, que eso no tenía ninguna importancia para lo que acabábamos de hacer.

Al cabo de una hora y media le dije que me iba a retirar, a lo que me contestó que cuando nos volvíamos a ver. Hice un esfuerzo grande para acallar mis deseos, pero le dije que no, que lo hermoso se guarda en la memoria y nada mas. Me acerqué le dí un beso en la boca, y salí casi huyendo.

Ya en la calle traté de sobreponerme, y pensar tan solo que conseguí lo que buscaba : una emocionante aventura con un hombre muy bien elegido. Debía empezar a sonreír y a sentirme satisfecha y contenta. Así lo hice.


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